
No abrirá informativos, ni primeras páginas de periódicos, ni tan siquiera será tema de conversación en la pescadería o en el bar de la esquina, pero el día de hoy debería pasar a la historia como el día que nos dejó uno de los grandes cineastas, esos que se escriben con mayúsculas. Por eso el día de hoy debería pintarse también de rojo intenso.
A sus 81 años, Robert Altman continuaba mirando al mundo a través de un objetivo, a través de la magía de una profesión que dominaba a la perfección desde todos los campos: Guionista, productor, director e incluso actor. Su tierra natal, Kansas, le vió dar sus primeros pasos vacilantes en este loco mundo del cine y New York junto con el resto del mundo, le observó crecer hasta su madurez creativa, donde él y el cine fueron una sola cosa.
A pesar de ser recordado por Vidas Cruzadas, entre su filmografía descata The Delinquents, Prêt-à-Porter , The Player y una de sus más recientes Cookie´s Fortune con una formidable Glenn Close, Julianne Moorey y la siempre adorable Liv Tyler. El cine hoy llora en silencio, con la tristeza de haber perdido a uno sus miembros.
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